Reflexión 19: La felicidad

Como durante el próximo fin de semana voy a estar en la feria de discos de Castelló, con mi exposición y un par de sesiones, he tenido que grabar el programa de Los 39 Sonidos del domingo 1 de Diciembre. Y no sé porqué motivo (en realidad nunca lo sé, de eso tratan mis introducciones) he comenzado comparando la felicidad con una especie de sprint del corredor de fondo, que persigue llegar a la meta sin cerciorarse realmente de sus rivales; la felicidad, esa quimera que solo se logra en momentos muy determinados y que se escapa sin siquiera poder degustarla, como esa carrera que hoy ganas y mañana pierdes, tropezando con una baliza inesperada, con una fatiga desagradable o con la incertidumbre del final que nunca llega.
Creo que la felicidad es una situación química, la encontramos cuando nuestro cuerpo registra estados saludables, tanto física como mentalmente, algo muy difícil de equilibrar, con lo cual lo efímero de dicha felicidad la hace más deseada, más perseguida.
Y, posiblemente, la felicidad la tenemos acechándonos en cada esquina y no sabemos verla, por nuestra ceguera o tozudez en encontrarla por caminos equivocados.
Mi ideal de cómo debe ser la felicidad todavía lo estoy buscando y espero que lo siga haciendo hasta que yo mismo desaparezca del mapa, eso significará que he estado en movimiento, significará esperanza y perseverancia. La perseverancia, ay, otra de esas bondades que cuesta atrapar e introducirla en nuestro tarro de esencias cerebrales. Quizá (y perdonad mi insistencia en casi todos mis posts con esto) todo lo podemos localizar en los sentimientos, en el placer que nos proporciona una buena canción, la frase de un libro determinado, una peli o váyase usted a saber qué miles de cosas más; se me ocurre una sonrisa sin forzar, el aliento de alguien que te embelesa, el olor de la piel fresca y natural, la risa de tu mejor amigo o amiga, tu propia risa cuando has metido estrepitosamente la pata o una buena copa de ese vino que te perturba los sentidos.
Sí, la felicidad está en la cotidianeidad, puede que incluso mirando a tu lado, puede que leyendo lo que te acaban de escribir en esa diminuta pantalla o en un estribillo de una canción que hacía años habías olvidado y que muestra lo formidable de las emociones, que no son comparables a nada ni a nadie y que son tuyas, completamente tuyas, nadie te las puede arrebatar. Así pues, dejemos las complicaciones para esa basura de políticos que tenemos en España y seamos protagonistas de nuestra propia felicidad.
Mirad, está ahí, atrapadla.
Buenas vibraciones!

Autor: Juan Vitoria

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