Passionate Friend

Reconozco que soy insistente con esto, pero mis convicciones me llevan a necesitar la pasión como modus operandi en la vida, si no nos apasionamos perdemos ese estímulo para escapar de la monotonía. Pensemos que la naturaleza de las sensaciones parte de premisas distintas para cada uno, así pues no es lo mismo el sonido del aletear de una mariposa que el rugido de una turbina motorizada, las percepciones hacen que cosas como éstas se nos antojen incomparables y, sin embargo, cabe la posibilidad de que lo imperceptible consiga nuestra atención por encima de lo inevitable. Lo hermoso gana la partida a lo repulsivo.
Seguramente los ruidos se absorben en torno a lo que nos rodea y a las costumbres acumuladas, por eso es de agradecer que el simple influjo de algo suave estimule nuestros sentidos poderosamente, por encima de lo que no nos interesa. Si no lo hace, hagámoslo nosotros, se trata de buscar y seguir buscando siempre, ya que seguramente lo encontraremos, siempre que seamos avispados. En eso, creo que las mujeres llevan ventaja, su alta capacidad para atrapar sensaciones nos lleva siglos de adelanto a los hombres, pero está bien eso de establecer parámetros de comparación positiva, es como aprender de las virtudes de los demás, no de nuestros propios errores, que eso está muy visto.
Bien, hablaba de pasiones y confieso que me nutro de ellas, son las que me propician estabilidad, a pesar de que sirven también para remover cimientos y trastocar posiciones de inmovilidad adquirida. Y, como suelo sentirme increíblemente apasionado, os conmino a recordar una canción de Julian Cope cuando éste militaba en los incandescentes Teardrop Explodes; hablaba sobre un amigo apasionado, que había tenido turbulencias a consecuencia de un amor truncado (lo que suele ocurrir, vamos, ahí no hay nada nuevo), pero que descubría en su propia pasión desatada una vía de escape que estaba cristalizando al encontrar otra persona, sin lugar a duda más acorde con su personalidad. En fin, es una historia de amor rudimentario, aunque salpicada de esa catarsis que la propia emoción nos depara, casi en un alegato de sorpresa, satisfacción e ilusión. No hay nada como la ilusión para enfrentarse ante la obsolescencia de nuestra psique.
Así pues, escuchemos esta composición de alto octanaje vibrante y digamos a lo que nos rodea que se busque una salida mejor, que nosotros ya hemos escuchado el pistoletazo que marca el nuevo rumbo.
Buenas vibraciones!

Autor: Juan Vitoria

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