Reflexión 13 Carmen Mola

El arte nos da la capacidad para ser libres, para elegir nuestras propias emociones, porque siempre se trata de eso, de elevar nuestro espíritu hasta límites insospechados, sin necesidad de ninguna sustancia. Lo vibrante es que el estímulo de la música, que proporciona sensaciones intangibles e inmediatas, los sueños visionados del cine, las dimensiones de la pintura, que cautiva con solo depositar tu mirada unos segundos sobre un lienzo o el mundo onírico de la literatura, hacen que se disparen nuestras neuronas y trabaje con irresistible ritmo ese frenesí que nos trastorna, que nos evade de un mundo vulgar y aburrido como el que nos rodea.
Yo confieso ser un voraz lector, los libros me llevan a parajes desconocidos, a menudo lejanos e imposibles pero me convierten en viajero de vivencias ajenas, que me acaban haciendo partícipe de historias habitualmente inusuales.
Carmen Mola es una de mis últimas musas, posiblemente no sea su nombre real, aseguran que es un seudónimo, pero sus dos novelas me agreden, me asfixian y me aprisionan; es una pérdida casi de conciencia dentro de un universo de novela negra tan cruel como seductor y, a la vez, tan sensual como imaginativo. Eso es, la imaginería de Carmen se dispara desde las primeras líneas, pero su prosa no es cómoda ni dulce, más bien retrata personas de las que solo tenemos conocimiento en momentos escabrosos de las noticias, afortunadamente para nosotros.
Puede que sea un morboso recalcitrante, que me atraigan esos caracteres que veo tan lejos como deseo que lo estén, el caso es que “La novia gitana” y “La red púrpura” me han dejado colapsado. Sí, es cierto que la influencia de ese genio llamado Pierre Lemaitre pulula en el ambiente de Carmen, pero también lo es el hecho de que un hilo tan verosímil y tan acertado no es sencillo lograr en esos pictogramas no aptos para estómagos delicados. Además de todo eso, yo estoy profundamente enamorado de Elena Blanco, esa inspectora por la cual pasan todo tipo de rupturas emocionales y, como no podía ser de otra manera, envidio a Ángel Zárate por estar tan cerca de ella cada día.
Buenas lecturas, buenas vibraciones!

Author: Juan Vitoria

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